REAL ACADEMIA NACIONAL DE FARMACIA
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ENFERMEDADES OLVIDADAS

En este portal encontrará artículos y noticias comentadas o no, científicas y de divulgación sobre las enfermedades olvidadas. Se incluyen enfermedades como: Malaria, Leishmaniosis, Chagas, Trypanosomiosis (Enfermedad del sueño), Esquistosomiosis, Fasciolosis, Filariosis Linfático, Oncocercosis, Dracunculiosis (la Enfermedad del Gusano de Guinea), Helmintiosis transmitida por el suelo, Tuberculosis, Lepra, Úlcera de Buruli, Tracoma, Cólera, Dengue y el SIDA y el desarrollo de los pueblos. Estas enfermedades causan 35.000 muertes diariamente, principalmente en países poco desarrollados. Los tratamientos para estas enfermedades son inexistentes o aquellos que realmente existen son insatisfactorios debido a su toxicidad, problemas de administración o resistencias.
Aunque pueda parecer una paradoja, bajo el término enfermedades olvidadas se engloban algunas de las patologías que más matan en el mundo, desde la malaria hasta la úlcera de Buruli. Estas dolencias no están olvidadas por los millones de pacientes que las padecen, ni por los Gobiernos de los países donde se concentran. Estas patologías son obviadas por la disciplina que más podría hacer por ella: la investigación. El desarrollo de nuevos medicamentos para estas enfermedades es la clave para su superación, pero la inversión en este campo es mínima: poco más de 2.500 millones de dólares en 2007. El dato lo ofrece la revista PLoS, que publica el primer informe G-FINDER , que analiza el gasto en I+D en enfermedades olvidadas e identifica, además, cuáles de estas son las que reciben más fondos. Las diferencias son sustanciales y tres patologías -el VIH/sida, la malaria y la tuberculosis-, se llevan casi el 80% de las inversiones. En la parte baja de la tabla, las más olvidadas entre las olvidadas: la úlcera de Buruli, el tracoma y las fiebres reumáticas. Tal y como explica uno de los autores del informe -Javier Guzmán-, esto tiene una consecuencia: "Si la inversión anual es de 1,67 millones de dólares y el costo de desarrollo de una vacuna es de entre 200 y 500 millones de dólares, está claro que jamás existirá una vacuna para la fiebre reumática, que causó 280.000 muertes en 2004".
El documento pone cara a los más preocupados por investigar en este campo y hace un ranking de países, entidades y sectores financiadores. Antes, no obstante, hubo que acotar el término, ya que no hay unanimidad en la definición por parte de los distintos organismos internacionales. Finalmente se decidió que las patologías debían cumplir los siguientes tres requisitos: que afecten de forma desproporcionada a los países pobres, que no existan adecuados productos para su tratamiento y prevención, y que no haya un mercado suficientemente atractivo para atraer la inversión privada bajo el modelo tradicional de patentes y propiedad intelectual. El sector público -gobiernos y organizaciones para la cooperación y el desarrollo, como la española AECI- es el que más dedica a la investigación en este campo, aportando el 69% de las inversiones.
En segundo lugar se sitúan las organizaciones sin ánimo de lucro y, en tercero, las compañías farmacéuticas, que aunque sólo aportan el 9,1% de los fondos, se convierten así en el tercer sector más involucrado. Este dato llama la atención porque una de las razones por las que las enfermedades olvidadas son tales, es que para la industria no es rentable investigar en nuevos fármacos que no podrían vender, por falta de recursos de los pacientes. Para el director del Centro de Investigación en Farmacología Aplicada (CIFA) de la Universidad de Navarra y director científico del grupo de Enfermedades Olvidadas de la Real Academia Nacional de Farmacia, Antonio Monge, no hay que culpabilizar a estas empresas: "Lo lógico es que quieran que se vendan sus productos". El experto explica con un término la inversión de los laboratorios en enfermedades olvidadas: la responsabilidad social corporativa. "Una laboratorio que vende en países como El Salvador o Guatemala ha de utilizar parte de los beneficios que obtiene en resolver los problemas de la sociedad en la que está".
El paludismo es causado por un parásito denominado Plasmodium que se transmite a través de la picadura de mosquitos infectados. En el organismo humano, los parásitos se multiplican en el hígado y después infectan los glóbulos rojos. Entre los síntomas del paludismo destacan la fiebre, las cefaleas y los vómitos, que generalmente aparecen 10 a 15 días después de la picadura del mosquito. Si no se trata, el paludismo puede poner en peligro la vida del paciente en poco tiempo, pues altera el aporte de sangre a órganos vitales. En muchas zonas del mundo los parásitos se han vuelto resistentes a varios antipalúdicos. Entre las intervenciones fundamentales para controlar la malaria se encuentran el tratamiento rápido y eficaz con combinaciones de medicamentos basadas en la artemisinina, el uso de mosquiteros impregnados en insecticida por parte de las personas en riesgo y la fumigación de los espacios cerrados con insecticidas de acción residual, a fin de controlar los mosquitos vectores.
La leishmaniosis es una enfermedad zoonótica causada por diferentes especies de protozoos del género Leishmania. Las manifestaciones clínicas de la enfermedad, van desde úlceras cutáneas que cicatrizan espontáneamente hasta formas fatales en las cuales se presenta inflamación severa del hígado y del bazo. La enfermedad por su naturaleza zoonótica, afecta tanto a perros como humanos. Sin embargo, animales silvestres como zarigüeyas, coatíes y osos hormigueros entre otros, son portadores asintomáticos del parásito, por lo que son considerados como animales reservorios.
El agente se transmite al humano y a los animales a través de la picadura de hembras de los mosquitos chupadores de sangre pertenecientes a los géneros Phlebotomus del viejo mundo y Lutzomyia del nuevo mundo, de la familia Psychodidae. En Colombia este tipo de mosquito es mejor conocido como palomilla.
La forma cutánea de la enfermedad (Leishmaniosis cutánea) en humanos, también conocida en Perú como uta se caracteriza por la aparición de úlceras cutáneas indoloras en el sitio de la picadura las cuales se pueden curar espontáneamente o permanecer de manera crónica por años. La resolución de la enfermedad puede presentarse después de un tratamiento sitémico consistente en la aplicación intramuscular de fármacos basados en antimonio (antimoniato de meglumina - Glucantime - y estibogluconato de sodio - Pentostam -) durante 20 a 30 días. La Leishmaniosis Visceral es la forma clínica que cobra más vidas mundialmente; tal es el caso de India, Sudán y Brasil. Esta presentación puede ser fatal si no se trata a tiempo. Esta presentación clínica se caracteriza por la inflamación del hígado y del bazo acompañada por distensión abdominal severa, pérdida de condición corporal, desnutrición y anemia. En perros se presenta principalmente la leishmaniosis visceral. Se ha intentado prevenir la enfermedad con repelentes de insectos aplicados a toldillos en la época de mayor riesgo de contagio con resultados dispares.
La enfermedad de Chagas-Mazza, Mal de Chagas o tripanosomiosis americana, es una enfermedad parasitaria tropical generalmente crónica causada por un protozoario flagelado, el Trypanosoma cruzi. El Trypanosoma cruzi es miembro del mismo género que el agente infeccioso causante de la enfermedad del sueño africano, y el mismo orden que el agente que causa la Leishmaniosis, pero sus manifestaciones clínicas, distribución geográfica, el ciclo de vida y su vector son considerablemente diferentes.
El reservorio natural lo constituyen los armadillos, marsupiales (Didelphis sp o zarigüeyas), roedores, murciélagos y primates silvestres, además de ciertos animales domésticos como perros, gatos, incluso ratas (Rattus rattus) y los cobayos; y es transmitida al hombre comúnmente por los triatominos hematófagos como el Triatoma infestans (estos insectos llevan varios nombres de acuerdo al país, entre ellos, benchuca, vinchuca, kissing bug, chipo, chupança, barbeiro, chincha y chinches), el cual transmite el parásito cuando defeca sobre la picadura que él mismo ha realizado para alimentarse, por transfusión de sangre contaminada, por la ingesta de alimentos contaminados por el parásito o verticalmente de la madre infectada al feto. Se considera que la enfermedad de Chagas es un padecimiento endémico de América, distribuyéndose desde México hasta Argentina, aunque existen vectores y reservorios incluso en el sur de los Estados Unidos, y en la actualidad se considera una enfermedad, aunque esporádica, con casos identificados en Canadá y EE.UU.
Se estima que son infectadas por la enfermedad de Chagas entre 15 y 17 millones de personas cada año, de las cuales mueren unas 50.000. La enfermedad tiene mayor prevalencia en las regiones rurales más pobres de América Latina. La etapa aguda infantil se caracteriza por fiebre, linfadenopatía, aumento del tamaño de hígado y bazo y, en ocasiones, miocarditis o meningoencefalitis con pronóstico grave. En la etapa crónica, a la cual llegan entre el 30% y el 40% de todos los pacientes chagásicos, suele haber cardiomiopatía difusa grave, o dilatación patológica (megasíndromes) del esófago y colon, megaesófago y megacolon respectivamente. La importancia de la parasitosis radica en su elevada prevalencia, grandes pérdidas económicas por incapacidad laboral, y muerte repentina de personas aparentemente sanas.
La tripanosomiosis humana africana, también conocida como enfermedad del sueño, es una enfermedad parasitaria dependiente de vector. Los parásitos involucrados son protozoos pertenecientes al género Trypanosoma, transmitidos a los humanos por picaduras de la mosca Tse-tse (género Glossina) las cuales se infectaron al alimentarse de humanos o animales que hospedaban los parásitos. La enfermedad es transmitida mediante la picadura de una mosca tsetsé infectada. Al principio los tripanosomas se multiplican en los tejidos subcutáneos, sangre y linfa. Al tiempo, los parásitos invaden el sistema nervioso central al cruzar la barrera hematoencefálica. El proceso puede tardar años en el caso de Trypanosoma brucei gambiense.
El Schistosoma mansoni es una especie de trematodos, gusanos aplanados parasitarios de los humanos que produce la enfermedad concida como esquistosomiosis o bilharzia. Se distinguen de otros trematodos por tener los sexos separados (la mayoría de los trematodos son hermafroditas). El ciclo de vida incluye a dos hospedadores: el hombre (hospedador definitivo) y un molusco (hospedador intermediario). Es el único agente etiológico causante de Bilharzia en América Latina. El ciclo de vida del S. mansoni comienza con la liberación de los huevos en las heces humanas. Al entrar en contacto con el agua y condiciones favorables (por ej., temperaturas de unos 25 °C), la cáscara se rompe liberando el miracidio. Este tiene capacidad móvil en busca de su único hospedador intermedio, el caracol Biomphalaria (planorbídeos) auxiliado por atracción a secreciones del molusco. Penetran en el caracol por sus partes blandas (cabeza, pies, antenas, etc.) después de lo cual, cercano al lugar de penetración, se desarrollan en un esporoquiste primario o esporoquiste madre. Por los poros del esporoquiste primario se liberan cientos de esporoquistes secundarios, también llamados esporoquistes hijos, los cuales se dirigen ahora al hepato-páncreas del caracol donde originan docenas de miles de cercarias. Son las cercarias las que abandonan al caracol e infectan al hombre. Al perder la cola después de penetrar la piel humana, con ayuda de enzimas proteolíticas, se conocen como esquistosómulos.
El esquistosómulo es un gusano adolescente que migra por el cuerpo del hombre causando la patología que lleva por nombre Bilharzia. esta dolencia afecta a unos 200 millones de personas en todo el mundo, y más de 650 millones viven en zonas donde es endémica. Schistosoma haematobium es el organismo responsable de la esquistosomiosis urinaria, mientras que la intestinal puede ser causada por S. intercalatum, S. mansoni, S. japonicum o S. mekongi. La causa primera de la enfermedad son los huevos del esquistosoma, depositados por un parásito adulto en los vasos sanguíneos que rodean la vejiga o los intestinos.
El síntoma clásico de la esquistosomiosis urinaria es la hematuria (presencia de sangre en la orina). En los estadios avanza-dos suelen observarse fibrosis de la vejiga y el uréter e hidronefrosis, y el cáncer de vejiga es una complica-ción que puede aparecer en las etapas finales. La esquistosomiosis intestinal presenta un cuadro clínico inespecífico, con dolores abdominales, diarrea y sangre en las heces. En las fases avanzadas suele haber hipertrofia hepática, acompañada frecuentemente de ascitis y otros síntomas de hipertensión portal. En tales casos puede haber también esplenomegalia.
La fasciolosis hepática es un padecimiento que afecta el hígado del hombre. La infección está producida por la Fasciola hepática y se adquiere al ingerir metacercarias enquistadas en berros y otros vegetales acuáticos o con el agua contaminada. Los huevos del gusano, eliminados en las heces del huésped, liberan un miracidio que infecta caracoles, que posteriormente liberan cercarias que se enquistan para completar el ciclo de vida. En el hombre las metacercarias salen de los huevos, penetran y emigran a través del hígado, y maduran en los conductos biliares en donde causan alteraciones inflamatorias y obstructivas. Las fasciolas (duelas) adultas miden 3 por 1,5 cm.
La filariosis constituye un grupo de enfermedades parasitarias en el humano y otros animales, y por lo general tropicales, causada por la infección de «filarias», nematodos del orden Spirurida, superfamilia Filarioidea, que son transmitidos en forma de larva o microfilaria a los vertebrados por un artrópodo, generalmente mosquitos de las familias Culicidae o Phlebotomidae o moscas de la familia Tabanidae, luego de lo cual las larvas se localizan adecuadamente para convertirse en adultos.
Se estima que 1.200 millones de personas de 83 países viven en zonas donde la filariosis linfática es endémica y que hay unos 120 millones de afectados por la enfermedad. Ésta puede ser clínicamente asintomática o presentarse con una o más manifestaciones agudas (fiebre, inflamación local, síndrome de eosinofilia pulmonar tropical o linfangitis). Puede dar origen a complicaciones crónicas como linfedema o elefantiosis de las extremidades, lesiones en los órganos genitales (en particular hidrocele en los varones), los riñones (en particular quiluria) y el sistema linfático. Los agentes causales de la filariosis linfática son las filarias Wuchereria bancrofti, Brugia malayi y Brugia timori.
La oncocercosis, también conocida como ceguera de los ríos y la enfermedad de Robles, es una enfermedad causada por la infección de Onchocerca volvulus, un nematodo (gusano redondo). La oncocercosis es la segunda causa infecciosa de ceguera en el mundo. No es el nematodo, sino su endosimbionte, Wolbachia pipientis, la que produce una respuesta inflamatoria severa, que deja a muchos ciegos. El parásito se transmite a los humanos por la picadura de una mosca negra del género Simulium. Los nematodos larvales se extienden por todo el cuerpo. Cuando los gusanos mueren, sus simbiontes Wolbachia son liberados, lo que provoca una gran respuesta del sistema inmunológico que puede causar picazón severa, y puede destruir el tejido óptico en el ojo . La gran mayoría de las infecciones ocurren en el África subsahariana, aunque ha habido casos en el Yemen y en zonas aisladas de Centroamérica y América del Sur. Se estima que 18 millones de personas sufren de la oncocercosis, con aproximadamente 270.000 casos de ceguera relacionadas con la infección.
La dracunculiosis o dracontosis es una enfermedad parasitaria producida por un nemátodo llamado gusano de Guinea o gusano de Medina (Dracunculus medinensis, anteriormente Filaria medinensis), enfermedad dolorosa y deformante, causante de llagas ulcerosas en la piel. Su nombre, dracunculiosis, se deriva del latín "afección con dragoncitos". Es muy abundante en África del norte y ecuatorial, Arabia, Oriente Medio y buena parte de Asia. Comenzó a conocerse por los europeos en el s. XVII.
Las helmintiosis transmitidas por el suelo afectan a más de 2.000 millones de personas en todo el mundo. Según cálculos recientes, la Ascaris lumbricoides infesta a 1.221 millones de personas, Trichuris trichiura a 795 millones y los anquilostomas (Ancylostoma duodenale y Necator americanus) a 740 millones. El agente causal de las helmintiosis transmitidas por el suelo puede ser cualquiera de las siguientes especies de helmintos: Ascaris lumbricoides, Trichuris trichiura y los anquilostomas (o uncinarias). La infestación se produce por ingestión de huevos presentes en suelos o alimentos contaminados (Ascaris lumbricoides y Trichuris trichiura) o por penetración activa a través de la piel de las larvas presentes en el suelo (anquilostomas). Los helmintos transmitidos por el suelo provocan síntomas muy diversos, en particular problemas intestinales (diarrea, dolor abdominal), malestar y debilidad generales, que pueden mermar la capacidad de trabajo y aprendizaje, y retrasos del crecimiento físico. Los anquilostomas provocan hemorragias intestinales crónicas que acaban causando anemia.
La tuberculosis (abreviada TBC o TB) es una enfermedad infecciosa, causada por diversas especies del género mycobacterium, todas ellas pertenecientes al Complejo Mycobacterium Tuberculosis. La especie más importante y representativa, causante de tuberculosis es el Mycobacterium tuberculosis o bacilo de Koch. La TBC es posiblemente la enfermedad infecciosa más prevalente en el mundo.
Otras micobacterias como Mycobacterium bovis, Mycobacterium africanum, Mycobacterium canetti, y Mycobacterium microti pueden causar también la tuberculosis, pero estas especies no lo suelen hacer en el individuo sano. Aunque la tuberculosis es una enfermedad predominantemente de los pulmones, puede también verse afectando el sistema nervioso central, el sistema linfático, circulatorio, genitourinario, gastrointestinal, el hueso, articulaciones y aún la piel.
Los síntomas clásicos de la tuberculosis son una tos crónica con sangre en el esputo, fiebre, sudoración nocturna y pérdida de peso. Si la infección afecta a otros órganos por volverse sistémica, aparecen otros síntomas. Por lo general, las personas que tienen contacto cercano con una persona diagnosticada con tuberculosis, son sometidos a pruebas para descartar que estén infectados. La resistencia microbiana a los antibióticos usados para el tratamiento de la tuberculosis se está volviendo un creciente problema en casos de tuberculosis extensamente resistente a fármacos. La prevención radica en programas de rastreo y vacunación, generalmente con BCG.
La tuberculosis se transmite por el aire, cuando el enfermo estornuda, tose o escupe. En 1999 la OMS cifró en 3.689.833 nuevos casos de tuberculosis en el mundo, contando con 8.500.000 casos totales con una tasa global de 141/100.000 habitantes. En el informe OMS de 2003, se estima en 8 millones (140/100.000) de nuevos casos de TBC, de los cuales 3,9 millones (62/100.000) son bacilíferos y 674.000 (11/100.000) están coinfectados con VIH. La tuberculosis mantiene una prevalencia de 245/100.000 habitantes, y una tasa de mortalidad de 28/100.000. En el informe OMS de 2006 se calcula que 1,6 millones de personas murieron por tuberculosis en 2005. La tendencia epidemiológica de la incidencia de TBC sigue aumentando en el mundo, pero la tasa de mortalidad y prevalencia están disminuyendo (OMS-2003).
La lepra es una enfermedad infecciosa crónica causada por Mycobacterium leprae, un bacilo acidorresistente. Además de algunas otras partes del cuerpo, la enfermedad afecta principalmente la piel, los nervios periféricos, la mucosa de las vías respiratorias altas y los ojos. La lepra es una enfermedad curable. Si se trata en las primeras fases, se evita la discapacidad.
Desde 1995, la OMS proporciona gratuitamente a todos los pacientes del mundo tratamiento multimedicamento (TMM), que es una opción curativa simple, aunque muy eficaz, para todos los tipos de lepra. Actualmente, el diagnóstico y el tratamiento de la lepra no son complicados y la mayoría de los países endémicos se esfuerzan por integrar los servicios de atención a esta enfermedad en los servicios de salud generales existentes. Esto es especialmente importante para las comunidades insuficientemente atendidas y marginadas con más riesgos de sufrir esta enfermedad, habitualmente los más pobres entre los pobres. Según los informes oficiales procedentes de 121 países y territorios, la prevalencia mundial de la lepra a principios de 2009 fue de 213 036 casos, mientras que el número de casos nuevos detectados en 2008 había sido de 249 007. En todo el mundo, durante 2008, se detectaron 9.126 casos nuevos menos que en 2007 (un descenso del 4%). Todavía quedan bolsas muy endémicas en algunas zonas de Angola, el Brasil, la India, Madagascar, Mozambique, Nepal, la República Centroafricana, la República Democrática del Congo y la República Unida de Tanzanía. Estos países siguen estando muy comprometidos con la eliminación de la lepra y siguen intensificando sus actividades de control de la enfermedad.
La úlcera de Buruli (UB) es una de las enfermedades tropicales más desatendidas, aunque tiene tratamiento. Su causa es la infección por Mycobacterium ulcerans, microorganismo que pertenece a la familia de las bacterias causantes de la tuberculosis y la lepra, aunque la UB ha recibido menos atención que estas enfermedades. La infección produce una extensa destrucción de la piel y los tejidos blandos, y la consiguiente formación de grandes úlceras, generalmente localizadas en las piernas o los brazos. Los pacientes que no reciben tratamiento rápidamente sufren a menudo discapacidades funcionales, tales como limitación del movimiento articular, además de los evidentes problemas cosméticos. El diagnóstico y el tratamiento tempranos son fundamentales para evitar esas discapacidades. Se han registrado casos de UB en más de 30 países, sobre todo de clima tropical o subtropical, pero es posible que también se dé en otros países donde todavía no se haya reconocido. La notificación de casos es baja debido a los escasos conocimientos sobre la enfermedad, su distribución focal y el hecho de que afecta sobre todo a las comunidades rurales pobres. Las perspectivas de control de la enfermedad se están ampliando gracias a los progresos continuos en la comprensión de su transmisión, la creación de nuevos instrumentos diagnósticos y el desarrollo de medidas terapéuticas y profilácticas.
El tracoma afecta aproximadamente a 84 millones de personas, de las que unos 8 millones sufren trastornos visuales. El agente etiológico es Chlamydia trachomatis, un microorganismo que se propaga por contacto con las secreciones oculares de la persona infectada (en toallas y pañuelos, en los dedos, etc.) y por transmisión por moscas oftalmotropas (atraídas por los ojos). Tras años de infecciones repetidas, el interior del párpado puede presentar tales deformaciones cicatrizales que la piel se repliega hacia el interior y las pestañas rozan el globo ocular, lesionando así la córnea (parte anterior del ojo). A falta de tratamiento, esta dolencia provoca la formación de opacidades corneales irreversibles y conduce a la postre a la ceguera.
El cólera es una infección intestinal aguda causada por la ingestión de alimentos o agua contaminados por la bacteria Vibrio cholerae. Tiene un periodo de incubación corto, entre menos de un día y cinco días, y la bacteria produce una enterotoxina que causa una diarrea copiosa, indolora y acuosa que puede conducir con rapidez a una deshidratación grave y a la muerte si no se trata prontamente. La mayor parte de los pacientes sufren también vómitos.
El dengue se transmite a través de la picadura de un mosquito de la especie Aedes infectado por alguno de los cuatro virus del dengue. La enfermedad afecta a habitantes de zonas tropicales y subtropicales. Los síntomas aparecen transcurridos entre 3 y 14 días tras la picadura infecciosa. La enfermedad se manifiesta como un síndrome febril y afecta a lactantes, niños pequeños y adultos. Los síntomas varían, desde una fiebre moderada hasta una fiebre alta incapacitante con cefaleas intensas, dolor retroobitario, dolor muscular y articular, y exantema. No existen fármacos antivíricos específicos contra el dengue. Es importante mantener al paciente hidratado. No se recomienda la utilización de ácido acetilsalicílico (por ejemplo aspirina) o antinflamatorios no esteroideos (por ejemplo ibuprofeno). El dengue hemorrágico (fiebre, dolor abdominal, vómitos, hemorragia) es una complicación potencialmente mortal que afecta principalmente a los niños. El diagnóstico temprano y una buena atención clínica a cargo de médicos y enfermeras con experiencia aumentan la supervivencia de los pacientes.
El sida (de SIDA, acrónimo de síndrome de inmunodeficiencia adquirida, en inglés AIDS), es una enfermedad que afecta a los humanos infectados por el VIH (virus de inmunodeficiencia humana). Se dice que una persona padece de sida cuando su organismo, debido a la inmunodepresión provocada por el VIH, no es capaz de ofrecer una respuesta inmune adecuada contra las infecciones que aquejan a los seres humanos. Se dice que esta infección es incontrovertible. Cabe destacar la diferencia entre estar infectado por el VIH y padecer de sida. Una persona infectada por el VIH es seropositiva, y pasa a desarrollar un cuadro de sida cuando su nivel de linfocitos TCD4 (que son el tipo de células a las que ataca el virus) desciende por debajo de 200 células por mililitro de sangre. El VIH se transmite a través de los fluidos corporales (tales como sangre, semen, secreciones vaginales y leche materna). La Real Academia Española (RAE) recoge la palabra sida en la vigésima segunda edición de su diccionario, por lo cual puede ser utilizada en minúsculas y en mayúsculas. El uso de minúsculas es recomendado por la Organización Panamericana de la Salud, agencia de salud de Naciones Unidas para las Américas.
